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¿Qué esperas, corazón?

¿Qué esperas, corazón? ¿qué quieres de mí?
¿Y aquel, Zenón de Elea, que se cortó la lengua
de un mordisco
y se la escupió al tirano?

El ángel bueno el ángel
malo dice: lo soportable lo
insoportable.

Quedan como la quietud
las tomó (¿a una señal de peligro?
¿en un instante preciso de la caída
de la luz? ¿por un trabajo o alambique
interior?), en un panal de rica miel. 

Del otro acepto todo lo que no
insoportablemente me desagrada
lo acepto de corazón (¿quién puede aceptar
de corazón lo insoportable, casi
—eso que no se soporta— inhumano?). 

Lo que hay de único y que hace de alguien alguien
no puede ser comunicado. 

Algunas palabras hablan
de la actitud; tolerante es actitud
de quien puede, el otro
es tolerado. ¿Quién
eres tú? 

El ángel bueno el ángel
malo dice: qué
ideología.

La historia de las mujeres muestra que la historia
ha sido tolerante con las mujeres (el peldaño
donde se desarrollaba su vida estaba
un peldaño por debajo del peldaño
donde se desarrollaba la vida de los hombres
de quienes ellas dependían). La protección
arrulla si no mata —¿será el amor?—. 

El sol nos diluye nos destensa y repliega
como azucarillos nos disuelve nada
dulces, en el mar de calor nos deshacemos. 

Para que algo permanezca en la memoria tiene que
haberse grabado a fuego; sólo lo que no cesa de
doler permanece en la memoria. 

Los grajos junto a las ovejas es
su interés el excremento verdes
transparentes alamillos. 

La voz de la pérdida dice: qué raro no volver
a oír su voz. 

Le parecían ángeles
aquellos pájaros en tránsito
garzas, martinetes y garzas
al pie de la charca y la laguna. 

Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero. También si dos durmieren juntos, se calentarán; mas ¿cómo se calentará uno solo? Y si alguno prevaleciere contra el uno, dos estarán contra él; y cordón de tres dobleces no presto se rompe. 

Perros merodean cerca
de un zorro, opaco
el mundo en su espesor
olores que identifican. 

No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios
está en el cielo, y tú sobre la tierra: por tanto, sean pocas tus palabras. 

¿Qué sabes de lo verde, centinela,
verde de invierno, miedo?
Sin casi mantillo brota
pura luciérnaga o savia
hueco trasluz.

Con la incorporación de fragmentos de Décio Pignatari, Nietzsche y el Ecclesiastés.