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La Marilyn Monroe de Santo Domingo

Soy la Marilyn Monroe de Santo Domingo. 
Tengo seis pies cuatro pulgadas. 
Dos pulgadas más cuando uso tacos. 
Tengo un lunar en las nalgas.
 
Salgo con poetas de los ochenta. 
Salgo con chiriperos, guachimanes,
 modelos, ingenieros, artistas plásticos, 
levantadores de pesas, abogados, rubios, 
funcionarios, toleteros, parqueadores de carros.
 
Soy la asidua al Bingo, 
la que se mete en la cartera
su Hojas de hierba 
y se pierde en la nada. 
La que bebe café en las paradas, 
la buscamacho, la pitonisa, la megapoeta, 
la que llora al final de la película 
sin que nadie la abrace. 
Soy monstruo que menstrua, 
la que se sienta en las barras a beber,
 se ajuma y le pone cara de asco 
a todos los cueros y le quema las falditas 
con los cigarrillos cuando pasan. 
La que quiso secuestrar a Anthony Ríos. 
La que se inyecta hormonas en las piernas. 
Soy la Cicciolina. 
Soy Tiresias. 
La que escribe encuera. 
Ese mujerón que los espejos 
de los moteles multiplican 
cuando la ponen en cuatro. 
La que se sienta en el último banco 
de la iglesia con un ojo morado. 
Miss Boca Chica mil novecientos noventa y cuatro.
Esa que fuma en el malecón mirando 
los barcos con luces encendidas. 
La estudiante de segundo semestre de enfermería.
 La rubia que maneja ambulancias, OMSAS, 
voladoras, patanas.
 
Soy la MARILYN MONROE DE SANTO DOMINGO. 
Soy la MARILYN MONROE DE SANTO DOMINGO.
 
No, no, eso seguía ahí. 
No me lo había mochado. 
No tenía dinero con qué. 
Así que un día pensé en hacer recitales 
pa’ recolectar dinero y hacerme la operación.
Llamé por teléfono a mis amigos poetas. 
Me acuerdo que pasaban una canasta 
como en las misas 
y yo me paraba ahí en el escenario 
pin pun la Marilyn Monroe de Santo Domingo
leyendo mis versos y agradeciendo los aplausos. 
Gracias amigos poetas. 
Gracias señor Ministro de Cultura. 
Muchas gracias.
 
Me sigue una turba con piedras. 
Me apedrean en la Mella. Me apedrean
en los Car Wash de San Isidro, 
de los Mameyes, de la Charles y de Villa Mella. 
Detrás del estadio Quisqueya. 
Me golpean, me vejan, me vocean. 
Me dan una salsa. 
Se echan arriba de mí uno a uno. 
Yo me he perdido. 
No estoy aquí. 
Repito: yo me he perdido 
y no sé cómo encontrarme. 
Ando por los cuatro puntos cardinales buscándome
en procesión con todas las que fui 
y con las que seré y con las que no he de ser. 
Duermo en camas de hospitales, 
pensiones, moteles, parques. 
Tomo duchas. Muchas duchas. 
El tinte me resbala por la cara
y por el maquillaje. 
Siento que me voy despedazando
y que los pedazos de mí van cayendo uno a uno 
llevándoselos el agua de la ducha
que va cayendo y llevándome 
hasta el desagüe.
 
Heme ahí en la cola de un Setenta. 
Bailando con tres hombres en un patio.
Caminando con un taco doblado. 
Masajeando turistas italianos. 
Sentada sobre mi maleta 
pidiendo bolas en un cruce. 
Se paran dos en un Toyota.
El que maneja me dice 
Hola rubia mi amol pa dónde tu va 
y yo respondo go LA 
all the way down to LA 
o sea, Los Alcarrizos. 
Me dejan trece kilómetros más allá. 
Camino al otro lado de la pista
 y ellos se quedan ahí mirándome 
hasta que de este lado 
se para un camión de Leche Rica
 y me monto.
(Abro un paréntesis aquí para advertir 
que tienen que hacerse el examen del sida. 
Yo me lo hago anual. 
A más tardar se lo dan en una semana. 
Ciento ochenta pesos por la UASD).
 
Salgo con divorciados, viudos, ateos, curas, críticos de arte, 
psicoanalistas, ex suicidas, salsómanos, pasoleros, 
haitianos, pastores evangélicos, payasos, enfermos terminales, 
esquizos, boxeadores arruinados.
 
Despierto en Puerto Plata. 
Tengo visiones en Azua. 
Veo al Papa bailando salsa. 
Veo iglúes en Haina y los Tres Brazos. 
Esquimales en colmados. Pingüinos en Mao. 
San Agustín con las pestañas de Charityn. 
Ovnis abduciendo senadores y diputados.
 
Hay un país en el mundo colocado en el mismo trayecto del sol.
 Hay en el mundo un mismo país colocado en el trayecto del sol.
Hay el mismo trayecto del sol colocado en un país del mundo. 
Hay el trayecto del sol en el mismo mundo de un país colocado.
 
Viajo a Nueva York con un pasaporte falsificado.
 
MARILYN MONROE caminando de nuevo por la Quinta Avenida. 
MARILYN MONROE CON UNA BARBA DE TRES DÍAS.
 
Desayuno en Tiffanys. 
Bebo Champagne en limosinas. 
Corro por mi vida en Corona. 
Toco el acordeón en una esquina. 
Peleo en Soho. 
Lloro frente al Hudson. 
Recito en el Nuyorican Café. 
Decimeros, poetas y raperos 
me lanzan ramilletes de flores. 
Firmo autógrafos. 
Reparto besos. 
De repente las puertas estallan. 
Los de migración me esposan. 
Me empujan mientras
el público los abuchea y arroja botellas. 
Suenan disparos. 
Ellos me deportan. 
 
Soy la Marilyn Monroe de Santo Domingo. 
Me depilo entera.
Me empolvo. Me maquillo. 
Me pongo un abrigo de pieles 
lista pal próximo recital.
Soy la MARILYN MONROE DE SANTO DOMINGO. 
Soy la MARILYN MONROE DE SANTO DOMINGO. 
Soy la MARILYN MONROE DE SANTO DOMINGO.
¿Qué se va a hacer?