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País en Fuga

¡Argentina,
ramilla verde encendida!
Ricardo E. Molinari

 
LUZ


¿Fuego?
No: luz.

¿Lumbre?
No: luz.

¿Luz?
Sí: esta luz.

¿Así luz?
No: de humo
de velas húmedas
podrida luz enclenque
de niebla que lame los contornos
y los borra.

¿Así luz?
No: carcomida
impide distinguir
si es día que se apaga
o noche que no llega a cerrarse
sobre el mundo.

¿Luz negra?
Ni eso: apenas repeluz
rebuzno de una estrella
desterrada
de la última galaxia
de este olvido.

¿Cómo luz?
Lechosa pus de luna
quebrada
en agua de alibur
donde nada refleja
que no se haya roto.

¿Para qué luz?
Espeluznante luz
que no ilumina ciega
luciérnaga contusa
dejando todo aquello
empapado en la sombra.

¿De qué luz?
De barro y trapo
quiero decir: de carne
de camello
de circo
de provincia.

¿Qué luz?
Como una que
después de haber atravesado
un cuerpo muerto
arrastrara por el aire
la enfermedad de no alumbrar.

¿Sí? ¿Luz?
Sí: difusa
sorda resolana
rasposa
luz
mala.



 
CARNE


Carne
hay
carne.

¿De qué?
Carne de sí
carne de carne.

Pero, ¿de qué?
De provincias
del campo
carne suelta.

¿Viva o qué?
Verde
muy verde
lambeteada
de moho y
machacada
a los golpes.

¿De qué?
De carne de
su carne
que
ya
no.

Pero ¿de qué?
De animales
perdidos
percudidos
tal vez
vacas.

¿Vacas de qué?
De las que
alguna vez
ajenas
y hoy
apenas.

¿Qué?
Despellejada
hacienda
carne verde
baqueteada
abombada
de moscas
angurrientas.
¿En qué?
Astillas
o gusanos
en esa carne
viva
sí pero
imposible.

¿Hacienda qué?
Entre piedras
plantas secas latas
oxidadas
carne de vacas
sueltas
desatentas.

¿En pie?
De guerra
perdida
de trapos desflecados
de olvido
que se encarna
en esa carne
vieja
que
cual perro
de hortelano
ni come
ni se deja
ya
comer.




 
AGUA


¿Hay agua ahí?
En el país
sueñan con ver el mar
su escalonada joya
única
su camisón abierto
sus enaguas.

¿Hay agua?
Pero hay que conformarse
con pensarlo
lejos
sordo
inconcebible
ajeno.

Agua agua ¿hay? ¿agua?
En la extensión chaparra del país
hay demasiada
pero está quieta
muerta
cachacienta
sudor de tierra que se cansa
sin alcanzar la orilla.
Quiero ir al agua ¿Puedo ir al agua?
Es caldo envenenado
es lastre que no lava
es barro es hez
es jugo de letrinas
espesa letanía
que no drena
es falsa agua.

Agua quiero agua ¿me dan agua?
Se filtra entre las piedras
percude la mugrosa cal
de las fachadas
no riega no circula
infecta las heridas
desconcha la madera
se empaca
se hace
zanja.

¿Hay agua ya? ¿Hay fría? ¿Agua?
Empapa los depósitos
de telas
de papeles
de alimentos
se instala entre los zócalos
se empasta en los humores:
un sedimento verde
una hemorragia
seca
perdida en el bolsillo
del pantalón de un jubilado.

¿Habrá? ¿Vendrá? ¿Tendremos agua?
En el pulpejo del pulgar
de una enfermera
es una ampolla añeja
que al reventar
gotea silenciosa
mojando y remojando
un solo punto muerto
del hospital más pobre
del barrio de las latas.

¿Agua? ¿Agüita? ¿Agua?
Oxida, afloja, humea:
como un rencor enano
se enquista en las baldosas
se mete en los cajones
se encharca se hace
costra
pudriéndole los huesos
al tenor
a la chinita suave
del poema campero
pudriéndole los pechos.

¿Agua? ¿Tenemos ya? ¿Volvió el agua?
Enfermedad del aire,
error de alguna nube ciega,
sopor del Paraná, fétida espuma
del Uruguay, charquito hediondo
del Pilcomayo muermo:
en la pasmosa cuenca entera
ni una gota para calmar la sed
ni bautizar el culo de una monja
apenas
agua que no has de beber
y que no corre:
es lerda
es terca
espesa
sucia
enferma
agua estancada.

 
ZANJA


Acá ya no.

Acá ya no
se pierde
nada
porque
no queda
nada.

Se late sólo.

Se late el
mero ruido.
La muda
queja
del silencio
trastorna
el aire,
que nunca
se resigna
al socavón
de ausencias.

Acá ya no.
Acá ya no
hay más
padres,
ni madres,
ni hijos.
Sólo la zanja
espesa,
oscura,
ciega
donde no
sobrenadan
los hijos
de los padres,
los padres
de esos
otros
hijos.

Acá está todo.

Acá está
todo
guacho,
quieto,
sordo,
pero no
muerto.
Acá esa nada.

Acá esa
nada
chirle
donde se
desencuentran
esos
padres
y esos
hijos
exuda
un estertor,
espasmo
que en la
tierra
no deja
descansar
ni a la
desgracia.

Pasen a ver.

Escuchen
lo que
repta,
aquello que
no alcanza
ni aún la
turbia
condición
de soledad,
pero se
empeña
en ser
acá
la marca
de una
escoria,
la seca,
emputecida
saliva
de un olvido.

Como eso que.

Como esa
herida
ajena
que nunca
dejará
de ser
terca
condena.

First published as "Pais en Fuga" in La Voz Inutil (Buenos Aires: Bajo la Luna, 2003). Copyright 2003 by Guillermo Saavedra.