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Ira

DE LAS violentas humedades, de
los lugares donde se entrecruzan
residuos de tormentas y sollozos,
viene
esta pena arterial, esta memoria
despedazada.
                          Aún enloquecen
aquellas madres en mis venas.

 

HASTA los signos vienen
las sombras torturadas.

Pienso en el día en que los caballos aprendieron a llorar.

 

¿QUIÉN viene
dando gritos, anuncia
aquel verano, enciende
lámparas negras, silba
en la pureza azul de los cuchillos?

 

VIENEN con lámparas, conducen
serpientes ciegas a
las arenas albarizas. 

Hay un incendio de campanas. Se
oye gemir el acero
en la ciudad rodeada de llanto.

 

GRITAN ante los muros calcinados. 

Ven el perfil de los cuchillos, ven
el círculo del sol, la cirugía
del animal lleno de sombra.
                                                  Silban
en las fístulas blancas.

 

HUBO extracción de hombres. Vi
la raíz morada del augurio. 

Vi a los insectos libando el llanto, vi
sangre en las iglesias amarillas”

 

HABÍA flores abrasadas, dril
sobre la máquina que llora.
Aceite y llanto en el acero y
hélices y números sangrientos
en la pureza de la ira.

 

CONOCÍ los sudarios habitados
y las bujías del dolor. Hervían
las oraciones en los labios
de las mujeres frías.

 

FUE
la música mortal, el alarido
de los caballos incesantes, fue
una pavana fúnebre a la hora
del algodón ensangrentado. 

Fue la declinación de mil cabezas,
la gárgola que aúlla maternal, los círculos
de la gallina atormentada.
Es aún, otra vez, la cal, el hueso
frío en nuestras manos, la
médula negra de la policía.

 

VI
cuerpos al borde de
las acequias frías. 

Amortajados
en la luz.

 

VI los alambres y las cuerdas, vi
la semilla del metal y el soto
blanco de espinos y de luz. Con púrpura
se alimentaban los insectos.

 

HALLÉ mercurio en las pupilas, lágrimas
en las maderas, luz
en la pared de los agonizantes.

 

BAJO la actividad de las hormigas
había párpados y había
agua mortal en las cunetas. 

Aún en mi corazón
hay hormigas.

 

VA a amanecer sobre las cárceles y las tumbas.
Me mira la cabeza torturada: su
marfil arde como un relámpago cautivo.