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a Eugenio Montejo

                El aire se serena
                y viste de hermosura y luz no usada,
                Salinas, cuando suena
                la música extremada
                por vuestra sabia mano gobernada.
                    Fray Luis de León, “A Francisco Salinas”.

                La música callada,
                la soledad sonora,
                la cena que recrea y enamora.
                   San Juan de la Cruz, “Canto espiritual”

                Blackbird, blackbird fly
                Into the light of the dark black night.
                   The Beatles, “Blackbird”
                    

Yo no vi ningún mirlo
aquella noche
de ebriedad griega
en una taberna de Berlín
donde tú, Armando
Romero y yo bebimos
hasta la saciedad
para hablar insaciablemente
en este largo recorrido
de las noches
que llevan a la amistad.
Yo no vi ningún mirlo
sino, en el espejismo
del alcohol, una mano
de marfil que me llamaba.
Y no vi a Nefertiti sino,
como en el puente de Florencia,
aguas del Arno siempre recordadas,
a Sònia con un traje transparente
y a Armando despertándome
entre mirlos
inventados por ti, como se inventan
las noches de ebriedad
y de amistad eterna
y de amores perdidos
entre sollozos que ella ignora
y que mañana, ya no sé si al alba,
habré olvidado ya,
en la gloriosa resaca
de música de mirlos y de Eugenio
            Montejo.

© Antonio Masoliver. All rights reserved.