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Neblina en la capital

Traición del hilo que aparece
y desaparece
cuando el discípulo está preparado para partir.
Es esa neblina de hoy que vemos arder
sobre la ciudad.
Neblina de cal, polvorosa,
que te hará encontrar (en su propio día)
la fe.
Una cantidad de hojas suficientes para secar al mar
de la bahía morada.    
Cuánto tiempo contemplé la raya divisoria
entre la rama y el agua.
Tantas como caí, caí
en los círculos viciosos
de mentir.
“Errar, errar” – decían siempre los círculos
y el hilo se partía.
Esto se llama merma, comprendí.
La rama prieta entró por fin al agua
y tropezó con la neblina de hoy (dorándose)
para que comprendiera la cantidad de fe necesaria
que rebasará este día, y aquel
con su suave movimiento ondulado.
Porque es el cielo quien abre la puerta
y su color nos descansa la ira,
la ansiedad.
Después, aparta los misterios, los hábitos
--ese crujir miserable detrás de una neblina que se va
cuando aparece (otra cortina más espesa)
¿el alma?