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Una Región del Espíritu

(1)   Los cuentos de La Prisionera, que usted acaba de presentar aquí en Madrid, se ocurren en la ciudad imaginaria de Pampa Hundida que también existe en sus novelas.  ¿Qué es Pampa Hundida?  ¿Dónde se ubica, digamos, y como se fundó?

Pampa Hundida es, sobre todo, una región del espíritu. Un espacio mental donde se enfrentan el deseo con el deber. Geográficamente, es un oasis en medio del desierto de Atacama, el más seco del mundo. Una ciudad pequeña y aislada. Pero conectada al mundo por los medios modernos. Y los más ancestrales: en ella hay un santuario al que anualmente acuden cientos de miles de personas para celebrar una fiesta religiosa.

Creo que Pampa Hundida sintetiza bien la modernidad latinoamericana: la mezcla de adelantos y vicios. Empresarios jóvenes y narcotraficantes con teléfonos satelitales, participan ambos de una intensa religiosidad popular mestiza (cristianismo y paganismo).

La “fundé” en mi novela “El desierto” (‘The absent sea’, McPherson, NY, 2011) donde necesitaba un espacio simbólico, apropiado para una tragedia moderna.

 (2) También ha escrito un libro de ensayo sobre Santiago, que tiene el subtitulo “ciudad imaginaria,” [en que usted retrata la ciudad a través de unas setenta novelas chilenas del siglo XX]. ¿Por qué le ha interesado tanto el tema de cómo se ven y se imaginan las ciudades?

La tendencia actual a dar por hecho que todos somos ciudadanos de una “aldea global” me parece ridícula. Cada vez hay menos ciudadanos, en el sentido político –miembros activos de una polis. Lo que hay son consumidores en un mercado global --la mayoría pasivos.

Por eso, creo, me interesan las ciudades reales. Pero como “libros”. Las ciudades pueden leerse como dramas donde se intersectan constantemente la vida pública con las vidas privadas. Podemos leer en ellas nuestros conflictos entre la identidad y la globalidad, nuestro deseo de futuro y nuestra pertenencia, o no, a una tradición.

(2b) ¿Cuántos años tenía cuando se fue del Chile?  ¿Para donde se fue?

He pasado la mayor parte de mi vida en Chile. Aunque nací en Suiza y llegué a vivir a Santiago de Chile a los 11 años, mi familia es chilena de varias generaciones. A mis 40 años me fui a vivir a Berlín, luego Londres y Madrid. Ahora han pasado otros 11 años y estoy pensando en regresar. Sin ninguna nostalgia.

Creo que soy un caso más en una tradición latinoamericana: la emigración constante. Mis antepasados europeos fueron a Chile, se mezclaron con criollos e indígenas, y luego salieron al mundo de nuevo. Ejemplo son los 45 millones de hispanos en EEUU.

(2c) ¿Ha sido importante vivir afuera de Chile?

Está bien probado que conocemos mejor nuestros países desde lejos. Y sí creo que me ha servido para comprender mejor el mío.

Pro la ganancia más importante de esta lejanía ha sido descubrirme latinoamericano. La comunidad cultural latinoamericana es algo real. Real y mucho más complejo que las simplificaciones que a veces se hacen de ella en Europa y los EEUU. Viviendo fuera me he descubierto como latinoamericano. O hispanoamericano, porque España es parte de nuestra identidad cultural, una provincia más en esa comunidad.

Mientras uno vive en algún país latinoamericano percibe diferencias con sus vecinos que parecen importantes. Pero al encontrarme con la comunidad de hispanoamericanos emigrados a Europa descubrimos que esas diferencias son artificiales. Lo que tenemos en común: la lengua, la cultura y el mestizaje racial, nos asemeja mucho más que nuestras diferencias.  Los nacionalismos que nos dividen fueron una invención de las oligarquías criollas que, tras las independencias, inventaron naciones que, así divididas, ellos pudieran dominar como caciques. Hoy el nacionalismo es desgraciadamente una de las principales enfermedades de la política latinoamericana. Desde lejos se ve más claro.

(3a) Escribió su tercera novela, El desierto, desde Berlín.  Y la novela se trata (en parte) del tema de transiciones y enfrentamientos con el pasado, cosa que tenía cierta relevancia en Alemania.  ¿Cómo se compara eso con la experiencia de vivir aquí en España?  ¿Ha encontrado que el caso español también ha sido capaz de captar su imaginación? 

Mi experiencia en Alemania fue esencial para entender mejor los temas de fondo en El desierto. Especialmente el complejo asunto de la “culpa colectiva”. En España he encontrado paralelismos interesantes con la experiencia chilena. Los tres años de Allende fueron como los tres años de la república española de 36, un movimiento esperanzador y muy caótico a la vez. A su vez, la dictadura de Pinochet se inspiró en la de Franco. Por último, la transición a la democracia en España y Chile han seguido rutas paralelas de dificultades y éxitos…

Pero mucho más importante que todo eso ha sido poner en jaque mi propia versión del idioma, sometido al constante desafío de los dialectos latinoamericanos que se escuchan en Madrid y los propios dialectos españoles y sus variantes. Es una experiencia apasionante para un escritor: comprobar que al final nadie es dueño de la lengua y que tienes la libertad y el desafío de inventarte una.

(3b) Originalmente pensaba en irse para Barcelona… ¿Por qué ha elegido vivir en Madrid al final?

Un funcionario catalán me dijo que mi hija de cuatro años tendría que estudiar sólo en catalán. Me sorprendió mucho que el sistema publico de una comunidad española no diera la opción de estudiar en español. O al menos una fórmula mixta. No me gustan los estados que limitan de ese modo la libertad cultural de sus ciudadanos. Barcelona me parece una ciudad muy hermosa para visitarla, pero poco atractiva para vivir en ella. El nacionalismo catalán no es distinto a otros fanatismos.

(4a) ¿Quienes son sus escritores preferidos y inspiradores? ¿Cuáles son sus influencias? 

Una de las pocas ventajas de ser un autodidacta es poder leer sin teorías previas. Y así sorprenderse siempre, eligiendo influencias sin limitarse. Por supuesto, soy hijo de las lecturas de los grandes escritores latinoamericanos, como Borges y Vargas Llosa. Pero también tengo una preferencia por la literatura anglosajona, especialmente la que no respeta fronteras nacionales. Henry James y Joseph Conrad, por ejemplo. Me encanta la literatura que problematiza la identidad nacional. Huckleberry Finn y Moby Dick me parecen viajes a través de los prejuicios humanos. Como extranjero me parece una limitación considerarlas sólo como “grandes novelas americanas”.

(5)  Han traducido su obra a varios idiomas pero todavía no al ingles.  ¿Qué significa para usted ser traducido al ingles (o quizás no signifique nada …)?  ¿Hay una traducción pendiente de una novela suya al ingles, verdad?

McPherson & Co, publicará a fines de Abril de 2011 El Desierto, con el título The absent sea, traducido por Leland Chambers. Significa mucho para mí, porque el inglés es mi segundo idioma de lectura. Y porque admiro algunas de sus tradiciones narrativas, como decía antes.

También era un desafío romper “la barrera del sonido” en la edición anglosajona. El inglés está cada vez más cerrado a las traducciones –comparado con el alemán o el francés o el español. Es una clara muestra de arrogancia y empobrecimiento cultural. El viejo concepto de una Weltliteratur (literatura mundial) que quería Goethe, dependía de un constante movimiento de traducciones. Cuando una cultura se cree autosuficiente y traduce poco se aísla de la literatura mundial. El ejercicio de comparar imaginaciones es vital para darnos cuenta de que nuestros sueños no son los únicos posibles.

Por eso, me parece valiente la apuesta de McPherson. Y me siento orgulloso de estar en una editorial independiente que acaba de ganar en 2010 el NBA en ficción (Lord of Misrule, de Jaimy Gordon).

(6)  ¿Puede ofrecer un breve comentario sobre el cuento, “Españoles perdidos en América”? 

Es parte de la serie de ficciones situadas en la ciudad imaginaria de Pampa Hundida. En este caso es un drama cómico acerca de la emigración, la soledad de los desplazados, y el egoísmo y avaricia que ha menudo caracteriza a los inmigrantes ya asentados, cuando vuelven la espalda a otros como ellos, pero recién llegados. Una sátira divertida, espero.